Unidos a Cristo en la muerte y en la resurrección

«Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección»

Romanos 6:5

Reflexión

Lo que no tiene que gobernarte

«1. ¿Qué quiso comunicar el autor?

Pablo está respondiendo a una pregunta. Si la gracia de Dios es mayor que nuestro pecado, ¿importa entonces cómo vivamos?

Su respuesta no comienza con una norma, sino recordando algo que ha cambiado la situación del cristiano, por el bautismo ha sido unido a Cristo.

Por eso habla de que «nuestro hombre viejo fue crucificado con él».

El «hombre viejo» no es simplemente la persona que éramos antes del bautismo. Pablo habla del ser humano en cuanto vive bajo el dominio del pecado.

Y utiliza una palabra especialmente significativa: reinar.

La vida nueva no significa que desaparezcan la fragilidad, la tentación o la posibilidad de pecar. Significa que el pecado ya no tiene por qué ocupar el lugar de señor.

La unión con Cristo abre así una vida nueva que comienza ahora y está orientada hacia la participación plena en su resurrección.

  1. ¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?

San Juan Crisóstomo distinguió entre lo que Cristo realiza en el bautismo y la respuesta que después corresponde al creyente: la vida nueva ha sido recibida, pero está llamada también a ser vivida.

San Agustín explicó también el bautismo como una unión con Cristo, que libera del dominio del pecado y abre a una vida nueva.

El Catecismo mantiene esta misma enseñanza, el bautismo incorpora a Cristo y comunica una vida nueva, pero no elimina la fragilidad humana ni la inclinación al pecado.

El cristiano puede seguir siendo tentado.

Lo que ha cambiado es que el pecado ya no tiene por qué gobernarlo.

  1. ¿Qué nos dice hoy?

Pablo no promete una existencia sin lucha.

La fragilidad permanece, la tentación puede aparecer, la posibilidad de elegir el pecado continúa existiendo.

Pero, para Pablo, que el pecado pueda tentar no significa que tenga que reinar.

La vida nueva recibida en Cristo cambia precisamente esa relación: aquello que está presente no tiene necesariamente que convertirse en aquello que gobierna.

Desde esta afirmación de Pablo podemos mirar también nuestra experiencia cotidiana.

Podemos sentir miedo y actuar a pesar del miedo.

Sentir enfado sin convertirlo en agresión.

Experimentar una tentación sin ceder a ella.

Tener un pensamiento sin convertirlo necesariamente en una decisión.

Hay cosas que pueden estar presentes en nuestra vida sin que tengan que decidir por nosotros.

Pero Pablo lleva esta posibilidad más lejos. Para él, la vida nueva no nace únicamente del autocontrol, de la fuerza de voluntad o de aprender a dominarnos mejor. Nace de haber sido unidos a Cristo.

Por eso la pregunta no es solamente qué está presente en nuestra vida.

También podemos preguntarnos qué estamos dejando que la gobierne.

Que algo esté presente en tu vida no significa que tenga que gobernarla.

  1. Para tu vida

Observa por un momento aquello que está presente hoy en tu vida.

Una preocupación, un miedo, un deseo, un hábito, una herida, una necesidad, una forma de reaccionar.

No necesitas negar que está ahí.

Pregúntate simplemente:

¿Qué lugar ocupa en mi vida?

Y después:

¿Tiene que gobernarme?

Feliz día.»

Compartir:
Scroll al inicio