«Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.»
Salmos 126:5
Reflexión
«Seguir sembrando«
- ¿Qué quiso comunicar el autor?
El Salmo 126 recuerda cómo Dios había cambiado la suerte de Sión, una experiencia tradicionalmente relacionada con el regreso del exilio, pero el pueblo todavía necesita restauración.
En ese momento aparece la imagen de la siembra.
Quien siembra deposita una semilla en la tierra sin poder contemplar todavía el fruto. Puede preparar el terreno, sembrar y cuidar, pero no puede fabricar la cosecha.
Y el salmo añade un detalle decisivo, quienes siembran lo hacen con lágrimas.
No dice que el sufrimiento produzca la cosecha. Dice algo diferente, las lágrimas no impiden seguir sembrando.
El dolor está ahí, pero no consigue detener la esperanza.
- ¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?
San Agustín vio en este salmo una imagen de la vida cristiana, esta vida es tiempo de siembra. Las buenas obras, especialmente las obras de misericordia son semillas cuyo fruto alcanzará su plenitud en Dios.
La tradición cristiana nunca ha entendido la esperanza como ausencia de sufrimiento. Jesús mismo lloró ante la muerte de Lázaro.
Creer no significa dejar de experimentar dolor.
Significa también descubrir que podemos seguir haciendo el bien incluso cuando todavía no vemos el fruto.
El agricultor debe sembrar, pero sabe que no puede fabricar la cosecha.
La esperanza cristiana vive en esa tensión, hacer aquello que nos corresponde y confiar a Dios aquello que ya no está en nuestras manos.
- ¿Qué nos dice hoy?
Vivimos acostumbrados a reducir la espera.
Los mensajes llegan en segundos, la información aparece inmediatamente y podemos seguir muchos procesos en tiempo real. Por eso pueden resultarnos especialmente incómodas aquellas dimensiones de la vida que siguen teniendo su propio ritmo.
Una relación.
La educación de un hijo.
Un proyecto.
Recuperar una confianza.
Cambiar.
Comenzar de nuevo.
Cuando el resultado tarda, podemos intentar recuperar el control. Hacer más, pensar más, comprobar más.
El salmo propone otra manera de situarnos ante la espera.
Entre lo que hacemos y el fruto que esperamos existe a veces un tiempo que no podemos acelerar. También ese tiempo forma parte de la siembra.
Sembrar es asumir nuestra responsabilidad.
Esperar es aceptar nuestro límite.
Confiar es reconocer que la cosecha no está enteramente en nuestras manos.No se trata de esperar pasivamente. Tampoco de pensar que todo terminará exactamente como deseamos.
Se trata de continuar haciendo aquello que reconocemos como bueno sin necesitar controlar todo lo que sucederá después.
Las lágrimas y la semilla pueden estar simultáneamente en las mismas manos.
La esperanza no consiste en dejar de llorar, sino en no dejar de sembrar.
- Para tu vida
Quizá haya algo en tu vida en lo que todavía no ves ningún fruto.
Una relación que sigues cuidando, un proyecto al que continúas entregándote, algo que intentas reconstruir, un bien que haces sin saber qué llegará a producir.
Piensa por un momento en esa realidad.
¿Dónde están hoy tus lágrimas?
¿Qué semilla sigue estando en tus manos?
Y, sobre todo:
¿Hay algo bueno que estés dejando de sembrar porque todavía no puedes ver la cosecha?
Tal vez la esperanza no consista en saber cuándo llegará el fruto.
Tal vez hoy consista simplemente en no abandonar la semilla.
Feliz día.»
