La última palabra

«Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.»

Santiago 5:8

Reflexión

«1. ¿Qué quiso comunicar el autor?

Leído aisladamente, este versículo podría parecer una invitación general a tener paciencia. Pero Santiago está hablando de algo mucho más concreto.

En los versículos anteriores denuncia duramente a ricos que han retenido el salario de sus trabajadores, han vivido en el lujo y han utilizado injustamente su poder. Incluso afirma que el jornal defraudado «está clamando» y que los gritos de los trabajadores han llegado hasta Dios.

Solo entonces dice:

«Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor.»

Ese «por tanto» cambia la lectura.

Santiago no está hablando simplemente de saber esperar. Se dirige a quienes contemplan cómo la injusticia puede imponerse mientras la justicia tarda en llegar.

Para explicarlo utiliza la imagen del agricultor: trabaja la tierra, hace aquello que le corresponde y después espera un fruto que no puede producir por la fuerza.

Por eso Santiago añade:

«fortaleced vuestros corazones».

No les pide resignación. Les pide permanecer firmes.

¿En qué se sostiene esa firmeza?

En las últimas palabras del versículo:

«porque la venida del Señor está cerca».

La esperanza de Santiago no consiste en pensar que el tiempo resolverá necesariamente las cosas. El versículo siguiente añade: «el juez está ya a las puertas».

Su esperanza está en Dios.

2.¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?

La Iglesia ha mantenido unidas las dos dimensiones del pasaje, denunciar la injusticia y permanecer firmes mientras se espera al Señor.

El Catecismo cita precisamente Santiago 5:4 cuando enseña que negar o retener un salario justo puede constituir una grave injusticia.

Por tanto, la paciencia de Santiago no puede convertirse en una invitación a aceptar pasivamente aquello que está mal.

Benedicto XVI, comentando Santiago 5:7-8, se fijó precisamente en el agricultor. Este hace bien su trabajo, pero sabe que existen cosas fundamentales que no están en sus manos. El Papa veía aquí una síntesis entre el compromiso humano y la confianza en Dios.

La espera cristiana no es fatalismo.

Actúa sobre aquello que está en tus manos y reconoce también aquello que no puedes controlar.

Para Santiago, esa espera tiene además un fundamento decisivo, la justicia humana puede no alcanzar todo, pero el juicio último pertenece a Dios.

3. ¿Qué nos dice hoy?

También hoy alguien puede encontrarse frente a una persona, empresa o institución que dispone de mucho más poder y lo utiliza injustamente.

A diferencia de muchos de los primeros lectores de Santiago, nuestras sociedades cuentan con leyes, tribunales y mecanismos para defender derechos. Utilizarlos no contradice necesariamente la paciencia de la que habla el texto.

Pero podemos hacer todo aquello que legítimamente está en nuestras manos y descubrir que la justicia no llega cuando nosotros quisiéramos.

Entonces aparece otra batalla.

Una injusticia puede perjudicar nuestras circunstancias. Pero también puede instalarse dentro de nosotros en forma de resentimiento, deseo de venganza o desconfianza.

Santiago no habla en términos psicológicos. Dice algo más sencillo:

«fortaleced vuestros corazones».

No para negar lo ocurrido.

No para dejar de combatir aquello que todavía puede cambiarse.

Sino para permanecer firmes mientras aquello que debería cambiar todavía no ha cambiado.

Para quien no comparte la fe cristiana queda una pregunta profundamente humana, ¿cuánto poder queremos conceder interiormente a quien ya ha utilizado injustamente su poder sobre nosotros?

Para el creyente, Santiago añade algo que no podemos eliminar. Incluso cuando la justicia humana no alcanza, permanece el juicio de Dios.

La injusticia puede imponerse durante un tiempo. La última palabra pertenece a Dios.

4. Para tu vida

Piensa en alguna situación en la que hayas sufrido una injusticia.

Tal vez pudiste actuar. Tal vez todavía puedes hacerlo. Tal vez hiciste cuanto estaba en tus manos y el resultado ya no depende completamente de ti.

Santiago no te pide que llames justo a lo injusto ni que renuncies a cambiar aquello que todavía puede cambiarse.

Te deja ante una pregunta:

Cuando no puedes decidir cuándo llegará la justicia, ¿qué puedes hacer para que la injusticia no decida también en quién te conviertes?

Feliz día.»

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