«No nos cansemos de hacer el bien ya que, si no desfallecemos, a su tiempo
recogeremos la cosecha»
Gálatas 6:9
Reflexión
«1. ¿Qué quiso comunicar el autor?
Pablo utiliza una imagen sencilla, sembrar y esperar el tiempo de la cosecha.
En los versículos anteriores acaba de afirmar: «Lo que uno siembre, eso cosechará». Nuestras acciones importan. Lo que hacemos no es indiferente. Pero entre sembrar y recoger existe un tiempo en el que todavía no vemos el fruto.
Por eso Pablo no está diciendo simplemente, persevera y conseguirás lo que deseas. Su propuesta es mucho más exigente, continúa haciendo el bien aunque todavía no veas sus frutos.
Hay algo que depende de nosotros, que es lo que sembramos. Y hay algo que no podemos determinar, cuándo llegará la cosecha.
- ¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?
San Agustín relacionó estas palabras de Pablo con la imagen bíblica de sembrar y cosechar. Al preguntarse qué debemos sembrar, respondió: buenas obras, especialmente obras de misericordia. Para él, la cosecha definitiva supera los resultados inmediatos y alcanza su plenitud en la resurrección.
Muchos siglos después, el papa Francisco dedicó su Mensaje para la Cuaresma de 2022 precisamente a Gálatas 6,9-10. Recordó que solo vemos una pequeña parte de los frutos de aquello que sembramos y que algunas acciones pueden iniciar procesos cuyos frutos recogerán otros.
Ambos nos ayudan a comprender algo importante, hacer el bien no exige contemplar personalmente todos sus resultados.
- ¿Qué nos dice hoy?
Vivimos acostumbrados a obtener respuestas rápidas.
Enviamos un mensaje y esperamos contestación. Realizamos una acción y buscamos resultados. Medimos, comprobamos, evaluamos. Y esa lógica, útil en muchos ámbitos, puede acabar entrando también en nuestras relaciones y decisiones.
Entonces aparece una tentación profundamente humana, dejar de hacer algo bueno porque no estamos viendo resultados.
Podemos cansarnos de ser generosos cuando no encontramos gratitud. De actuar honestamente cuando otros prosperan tomando atajos. De acompañar a alguien cuando parece que nada cambia. De intentar reparar una relación cuando no obtenemos la respuesta esperada.
Tal vez una de las formas más profundas de cansancio sea precisamente esa, cansarse del bien.
Pablo dirige nuestra mirada hacia otro lugar. No pregunta primero qué estamos consiguiendo, sino qué estamos sembrando.
Una palabra, una decisión, una manera de tratar a alguien, un gesto que nadie observa, cada día dejamos semillas en las personas y situaciones que forman parte de nuestra vida.
Algunas producirán frutos que podremos ver. Otras necesitarán tiempo. Y quizá haya frutos que nunca lleguemos a conocer. La esperanza de la que habla Pablo permite seguir sembrando también entonces.
Eso no convierte la siembra en inútil.
La propuesta de Pablo mantiene juntas dos realidades difíciles de aceptar: somos responsables de nuestras acciones, pero no podemos controlar todas sus consecuencias.
Por eso “a su tiempo” puede ser la parte más difícil del versículo.
Nos corresponde sembrar. Nos corresponde perseverar en el bien. La cosecha no nos pertenece del mismo modo.
Somos responsables de lo que sembramos, no dueños del tiempo de la cosecha.
- Para tu vida
Piensa en algo bueno que haces desde hace tiempo y cuyos frutos todavía no consigues ver.
Puede estar relacionado con una persona, una relación, tu familia, tu trabajo o cualquier otro ámbito de tu vida.
Y pregúntate:
¿Estás dejando de hacer algún bien simplemente porque te has cansado de esperar sus frutos?
Feliz día.»
