Elegidos para vivir en compasión y humildad
“Sois elegidos de Dios; él os ha consagrado y os ha otorgado su amor. Sed, pues, profundamente compasivos, benignos, humildes, pacientes y comprensivos.”
Colonenses 3:12
Reflexión
Me impresiona que San Pablo empiece recordándonos quiénes somos antes de decirnos cómo debemos vivir. Cuando uno se sabe amado por Dios, la compasión, la humildad y la paciencia dejan de ser un esfuerzo para convertirse en una forma de estar en el mundo.
Humildes… probablemente la más difícil. La humildad auténtica no es pensar menos de uno mismo, sino pensar menos en uno mismo. Supone vencer el ego, aceptar los propios límites, reconocer los dones recibidos y servir sin buscar reconocimiento. Por eso, la tradición cristiana la considera la base sobre la que se apoyan las demás virtudes.
En la práctica, una persona humilde en el siglo XXI:
Reconoce sus fortalezas sin presumir de ellas.
Admite sus errores sin justificarse constantemente.
Aprende de cualquiera, incluso de quien sabe menos en otros ámbitos.
Escucha antes de responder.
Sirve sin necesidad de reconocimiento.
No vive esclava del ego, de la aprobación o de la comparación constante.Jesús la expresó la humildad con su propia vida:
«El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.» (Marcos 9:35)Es decir, la grandeza no se mide por cuánto destacas, sino por cuánto bien haces a los demás.
Feliz día.»