Palabras que dan vida o…

«Muerte y vida dependen de la lengua, según se utilice así será el resultado.»

Proverbios 18:21

Reflexión

  1. ¿Qué quiso comunicar?
    El sabio nos recuerda que las palabras nunca son indiferentes. Con ellas podemos consolar o herir, reconciliar o dividir, levantar el ánimo o apagar la esperanza.

    La forma en que hablamos no solo influye en los demás, también va modelando, nuestro carácter, nuestras relaciones y, poco a poco, nuestro propio modo de vivir.
  2. La Iglesia nos ayuda a comprenderlo
    Jesús lleva esta enseñanza hasta su raíz cuando dice:
    «De la abundancia del corazón habla la boca.” (Mt 12,34)

    La tradición de la Iglesia ha profundizado en esta verdad durante siglos.

    San Agustín recuerda que las palabras nacen del amor o del desorden del corazón. San Benito enseña que el silencio es una escuela para aprender a escuchar antes de hablar.

    No basta con cuidar las palabras. También es necesario cuidar el corazón del que brotan.
  3. Hoy sigue hablándonos
    Hoy escuchamos con frecuencia que una buena comunicación requiere saber escuchar, comprender las emociones y responder con serenidad. Son habilidades muy valoradas en la educación, la empresa y las relaciones personales.

    Resulta sugerente descubrir que la tradición cristiana lleva siglos invitándonos a recorrer ese camino desde una perspectiva más profunda. La transformación del corazón.

    No porque el Evangelio sustituya el conocimiento que aportan la psicología o la inteligencia emocional, sino porque nos recuerda que toda palabra adquiere su verdadero sentido cuando nace del amor.
  4. Para hoy
    Antes de responder impulsivamente, detente un instante.

    Pregúntate:
    ¿Estas palabras nacen de la prisa, del miedo o del orgullo… o nacen del amor?

    Quizá esa breve pausa no cambie solo una conversación.
    Quizá empiece a transformar también tu corazón y, en cierta manera, tu entorno.

    Feliz día.»
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