La grandeza comienza siendo fiel en lo pequeño

«El que es fiel en lo poco, también será fiel en lo mucho; y el que no es fiel en lo poco, tampoco lo será en lo mucho.»

Lucas 16:10

Reflexión

«1. ¿Qué quiso comunicar el autor?

Jesús pronuncia estas palabras después de la parábola del administrador infiel, una de las más desconcertantes del Evangelio.

En ella, un hombre encargado de administrar los bienes de su señor, al saber que va a perder su puesto, actúa con extraordinaria astucia para asegurarse el futuro. Jesús no elogia su deshonestidad, sino su capacidad para comprender la gravedad del momento y actuar en consecuencia.

Después de la parábola, Jesús formula un principio:

«El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel.»

El contexto ayuda a comprenderlo. Jesús habla del dinero, de los bienes recibidos, de aquello que pertenece a otro y, finalmente, de la imposibilidad de servir simultáneamente a Dios y al dinero.

Por eso, «lo poco» no significa simplemente aquello que carece de importancia. Se refiere también a esas realidades ordinarias y temporales que revelan cómo administramos aquello que se nos ha confiado.

Ser justos cuando nadie nos observa. Cumplir cuando podríamos eludir nuestra responsabilidad. Administrar correctamente algo que parece poco importante.

Jesús introduce así una idea exigente: la fidelidad no comienza cuando llegan las grandes decisiones. Se aprende y se manifiesta mucho antes.

Las pequeñas elecciones van configurando una manera de actuar y muestran hacia dónde orientamos nuestra libertad.

2. ¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?

La tradición cristiana ha visto en estas palabras una invitación a comprender la vida como una realidad recibida y confiada.

San Agustín recuerda en sus Confesiones un episodio de su juventud relacionado con un concurso literario. Aunque deseaba ganar y obtener reconocimiento, rechazó la posibilidad de conseguirlo mediante una acción deshonesta. Al recordar aquel momento cita precisamente estas palabras de Jesús.

Para Agustín, incluso una decisión aparentemente pequeña puede revelar algo importante: qué estamos dispuestos a hacer cuando nuestros deseos entran en conflicto con aquello que consideramos justo.

Muchos siglos después, Benedicto XVI retomó este versículo al hablar de nuestras capacidades, cualidades y bienes. Su reflexión introduce una perspectiva profundamente cristiana: no somos propietarios absolutos de cuanto poseemos, sino administradores de realidades que pueden ponerse también al servicio de los demás.

Dinero, capacidades, tiempo, autoridad, conocimiento, oportunidades o influencia pueden entenderse así como realidades que pasan por nuestras manos y respecto de las cuales debemos decidir qué hacemos.

La fidelidad cristiana consiste también en aprender a administrar bien aquello que hemos recibido.

3. ¿Qué nos dice hoy?

Vivimos en una cultura que concede enorme visibilidad a los grandes resultados: los éxitos, las grandes decisiones, los proyectos extraordinarios o los cambios capaces de transformar una vida.

Pero la mayor parte de nuestra existencia ocurre lejos de esos momentos.

Cumplir una promesa cuando sería sencillo olvidarla.

Reconocer un error que nadie ha descubierto.

Devolver algo que no nos pertenece.

Responder con respeto cuando estamos cansados.

No aprovechar una pequeña ventaja injusta simplemente porque podríamos hacerlo.

Parecen decisiones insignificantes. Sin embargo, van construyendo una manera de ser.

Aquí el Evangelio puede dialogar con una antigua intuición de la filosofía. Aristóteles observó que el carácter no se forma únicamente conociendo lo que está bien, sino mediante los actos que repetimos.

Jesús introduce, sin embargo, una dimensión propia.

No basta con ser disciplinados o constantes. Podemos ser extraordinariamente disciplinados para perseguir un propósito equivocado. La cuestión que plantea el Evangelio es la fidelidad: qué hacemos con aquello que se nos ha confiado.

Las grandes decisiones suelen llegar después de centenares de decisiones pequeñas. Y cuando llegan, rara vez comenzamos desde cero. Llegamos hasta ellas con una manera de mirar, decidir y actuar que hemos ido construyendo silenciosamente.

Lo pequeño no deja de importar porque nadie lo vea: es precisamente ahí donde empezamos a convertirnos en la persona que seremos cuando llegue lo importante.

4. Para tu vida

Hoy quizá no necesites pensar en ninguna gran decisión.

Puede bastar con observar algo mucho más cercano.

Tus palabras. Tus compromisos. La manera en que utilizas tu tiempo. Cómo administras aquello que otros ponen en tus manos. Qué haces cuando podrías tomar un pequeño atajo sabiendo que probablemente nadie se enteraría.

Y preguntarte:

¿Qué dicen tus pequeñas decisiones sobre la persona en la que te estás convirtiendo?

Feliz día.»

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