Dios puede hacer mucho más de lo que imaginamos

«A Dios que, desplegando su poder sobre nosotros, es capaz de realizar todas las cosas incomparablemente mejor de cuanto pensamos o pedimos, a él sea la gloria en Cristo y en la Iglesia, de edad en edad y por generaciones sin término.Amén.»

Efesios 3:20-21

Reflexión

«La Palabra
«Al que puede hacer infinitamente más de lo que pedimos o imaginamos, según el poder que actúa en nosotros, a Él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y por los siglos de los siglos. Amén.»

1. ¿Qué quiso comunicar el autor?

San Pablo concluye una oración de alabanza recordando que Dios supera siempre nuestros límites. No explica cómo actuará Dios ni promete que cumplirá todos nuestros deseos. Su intención es invitar a confiar en un Dios cuya sabiduría y cuyo amor son mayores que nuestra capacidad de comprender.

2. ¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?

La Iglesia ha visto en estas palabras una llamada a la confianza.
San Juan Crisóstomo destaca que Dios puede hacer «infinitamente más» de lo que imaginamos.
San Gregorio de Nisa recuerda que la acción de la gracia nunca deja de transformar al ser humano.
Y el Catecismo enseña que la oración cristiana consiste en confiar en Dios y abrirse a su voluntad, más que en intentar imponerle nuestros propios planes (CEC 2735-2737).

3. ¿Qué nos dice hoy?

Todos hacemos planes sobre cómo debería ser nuestra vida.
Sin embargo, ninguno de nosotros conoce todas las variables que influirán en el futuro. La experiencia nos enseña que muchas veces aquello que parecía un fracaso termina convirtiéndose en una oportunidad, y que algunos de los acontecimientos que más nos transforman nunca estuvieron en nuestros planes.
El cristianismo contempla esa realidad desde una perspectiva concreta, Dios puede conducir nuestra historia hacia un bien mayor del que hoy alcanzamos a comprender.
Seas Creyente o no, este pasaje invita a una actitud profundamente humana, reconocer que la realidad siempre es más amplia que nuestros propios cálculos.

4. Puente con el conocimiento actual

La psicología ha mostrado que solemos sobreestimar nuestra capacidad para prever qué nos hará verdaderamente felices. Nuestra visión del futuro siempre es parcial.
El Evangelio comparte esa humildad ante nuestros límites, pero añade algo decisivo, invita a confiar en que existe un sentido que puede ir más allá de aquello que hoy somos capaces de comprender.

5. Da el siguiente paso

Hoy detente unos minutos y piensa en un acontecimiento importante de tu vida que nunca habías previsto.

Pregúntate:
Si ninguno de nosotros conoce completamente el futuro, ¿qué actitud me ayuda más a vivir, aferrarme a mis propios cálculos o permanecer abierto a una realidad que puede sorprenderme?

Si eres creyente, lleva esa pregunta a la oración y confía tus planes a Dios.

Si todavía no compartes esa fe, prueba a mirar tu propia historia con humildad. Tal vez descubras que algunas de las experiencias que más te hicieron crecer llegaron precisamente cuando la vida no siguió el guion que habías escrito.

Feliz día.»

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