Firmes en la fe, valientes ante la vida

«Estad alerta; manteneos firmes en la fe; portaos con valentía, sed modelo de fortaleza»

Corintios 16:13

Reflexión

«Mantenerse firme sin dejar de amar

  1. ¿Qué quiso comunicar Pablo?

Pablo escribe estas palabras casi al final de su primera carta a los cristianos de Corinto.

No habla a una comunidad tranquila. A lo largo de la carta ha tenido que afrontar divisiones, rivalidades, conflictos y luchas de prestigio. Antes de despedirse, concentra en cuatro imperativos la actitud que espera de ellos:

Velad. Manteneos firmes en la fe. Sed valientes. Sed fuertes.

«Velad» significa permanecer despiertos, atentos. «Manteneos firmes» no es una invitación a confiar únicamente en uno mismo, Pablo precisa dónde debe apoyarse esa firmeza, «en la fe». Y después pide valor y fortaleza para sostenerla cuando resulte difícil.

Pero la lectura no debería detenerse en el punto final. Inmediatamente después Pablo añade:

«Hacedlo todo con amor.»
(1 Corintios 16:14)

La última frase cambia nuestra manera de comprender las anteriores.

Pablo pide firmeza, pero no dureza. Pide fortaleza, pero no una fuerza utilizada para imponerse.

  1. ¿Cómo lo ha entendido la Iglesia?

San Juan Crisóstomo leyó estos versículos conjuntamente. Relacionó la vigilancia, la firmeza y la valentía con las dificultades que atravesaba la comunidad de Corinto, pero vinculó inmediatamente «hacedlo todo con amor» con las divisiones que la estaban dañando.

La tradición cristiana ha mantenido esta relación entre fortaleza y amor. El Catecismo describe la fortaleza como la virtud que permite permanecer firmes en la búsqueda del bien incluso en medio de las dificultades, y recuerda que la caridad anima el ejercicio de las demás virtudes.

La cuestión, por tanto, no es solamente si somos fuertes, sino qué hacemos con nuestra fuerza.

  1. ¿Qué nos dice hoy?

Quizá confundimos con demasiada facilidad firmeza con dureza.

Lo vemos en una discusión familiar, en una reunión de trabajo, en política o en las redes sociales. Cuando estamos convencidos de tener razón, escuchar puede parecernos una debilidad y ceder en algo puede parecernos una derrota.

Pero una cosa es mantener una convicción y otra utilizarla para imponernos.

Un padre puede establecer un límite sin humillar. Un directivo puede exigir sin degradar. Podemos decir «no» sin despreciar y defender aquello que consideramos verdadero sin convertir al discrepante en enemigo.

Porque podemos incluso tener razón y equivocarnos profundamente en la manera de ejercerla.

Por eso quizá, junto a «¿Tengo razón?», necesitemos aprender a preguntarnos:

¿Qué estoy haciendo con la razón que creo tener?

Y entonces la primera palabra de Pablo adquiere un significado especial: «Velad».

Vigilar también puede significar observar qué está ocurriendo dentro de nosotros mientras defendemos aquello en lo que creemos.

¿Estoy protegiendo algo que considero verdadero o estoy protegiendo mi orgullo?

¿Quiero comprender o solamente vencer?

La secuencia de Pablo puede convertirse entonces en algo que llevar con nosotros cuando llegue una situación difícil:

Vigila → permanece firme → ten valor → sé fuerte → ama.

La verdadera fortaleza no consiste en endurecerte para mantenerte firme, sino en mantenerte firme sin dejar de amar.

  1. Para tu vida

Piensa en alguna situación de tu vida en la que necesites mantenerte firme sin endurecerte ante la persona que tienes delante.

Tal vez la secuencia de Pablo pueda acompañarte cuando llegue ese momento:

Vigila → permanece firme → ten valor → sé fuerte → ama.

Y pregúntate:

¿Cómo puedo mantenerme firme en aquello que considero verdadero sin dejar de cuidar la dignidad de quien tengo delante?

Feliz día.»

Compartir:
Scroll al inicio